DEFENSA DE SÓCRATES -
JANTIPA, por Carola Rodríguez Caparrós
Jantipa:
Atenienses, es el turno de la mujer. Os voy a hablar de Sócrates, en su papel de hombre y en su papel de sabio, y de cómo ha cumplido en estos dos sus deberes, y de cómo siendo ciudadano de Atenas, es ahora juzgado por una parte de la sociedad de la que ha sido una víctima.
En su defensa os diré, que aun siendo Sócrates un hombre de su tiempo que cree que la naturaleza femenina no es inferior a la del hombre pero necesita de juicio y de fuerza, y que yo, a la que todos conocéis por su especial carácter difícil, nunca fue ingrato conmigo. Muy al contrario, no sólo me enseñó cordura y madurez, sino también la capacidad de pensar y razonar si no, ¿qué mujer hubiera podido soportar a alguien tan sabio a su lado tantos años para venir aquí ante vosotros y defenderlo de tan viles acusaciones? No solo me enseñó, sino que también me defendió y me apoyó ante nuestro hijo mayor Lamprocles, disgustado siempre por mi actitud huraña y espinosa.
Mujeres, os invoco a todas, para que os deis cuenta de que Sócrates, un hombre sabio, ha sido nuestra mejor tutela, reconociéndonos como madres, pese a pertenecer a una sociedad que nos discrimina y nos ignora.
Atenienses, tendréis, madres, hermanas, hijas, ¿es que acaso no os gustaría saber que son bien consideradas, cuidadas y respetadas por el hombre con el que conviven?
Además de un buen padre que le enseñó a su hijo el respeto y el amor a una madre, ha sido un buen ciudadano que ha inculcado a sus hijos el cuidado de los padres cumpliendo la ley ateniense.
Ríos de lágrimas he derramado por la pobreza que ha imperado en mi casa, pero recordando ahora cómo ha vivido este hombre y todo lo que me ha enseñado, no quiero apenarme porque como siempre decía nuestro amigo Jenofonte, la pena es enemiga de la vida y me puedo jactar ahora, en esta oratoria mía, que gracias a Sócrates no soy una ignorante y por tanto no puedo echarlo en culpa aunque no haya habido siempre mucha felicidad.
Porque, y ésta es mi parte sobre la defensa del sabio, y no del hombre, Sócrates ha huido siempre de honores y de riquezas. Es verdad que en mi casa, como decía antes, no ha habido lujos, muy al contrario, sin embargo, Sócrates aportó la sabiduría, el conocimiento por encima de todo. Puede que haya sido demasiado soberbio, por no verse afectado de las pequeñas dificultades que presenta la vida pero nunca dio problemas a la sociedad, y nunca hizo mal. ¿No es acaso loable esta actitud, atenienses? Para una mujer ha sido difícil convivir con alguien que sólo presta atención a lo suyo, a su espíritu, pero esto, atenienses, es una características de los sabios, porque aunque no se reconocía como tal, siempre humilde, si se comportaba como tal, Y ahora, atenienses, juzgáis a alguien que siempre destacó por ser diferente y no querer lo que vosotros deseéis, Eso es envidia, porque nunca os necesitó. Sin embargo, ¿veis a sus hijos aquí? No. Muestra de su nobleza de padre y de hombre.
Y además de buen padre, y de sabio, Sócrates fue también un buen amigo. Y así lo demostró aunque eso causara en mí dolor, celos y confusión. Al casarse con la viuda Mirto, nieta de su amigo Arístides, demostró a esa sociedad que había aprendido bien los deberes de un ciudadano ateniense. No fue fácil para mí, lo reconozco, Pero pasado el tiempo, aplaudo ahora su bondad y su nobleza. Tuve que obedecer yo también lo que esta sociedad permite, y lo que un decreto, legal pero injusto, autoriza. Por eso, dejé de juzgarlo cuando gracias a su persuasión y elocuencia, comprendí que cumplía con un deber como ciudadano ateniense.
Justiciándolo, os justiciáis a vosotros mismos atenienses, a vuestras leyes y a vuestro Estado. Sócrates es la víctima de la sociedad que habéis creado. Su actitud personal, su virtud, muy convincente respecto a si mismo y esencia de sus principios morales, fue la de invitar a los jóvenes a que lo imitaran y pudieran cambiar el designio de Atenas. ¿Es acaso eso una falta? Si el Oráculo de Delfos dice que es un sabio, ¿cómo decís lo contrario?
En el fondo de lo que lo acusáis es de no ser como vosotros, porque se ocupó del conocimiento, de la sabiduría. Pobre Sócrates, que siendo sabio, ha acabado prisionero, no de vosotros, sino de su inteligencia. Como sabio, dedicó demasiado esfuerzo a su excepcionalidad, y los que como él se lo han creído, han sufrido esa enfermedad llamada arrogancia. No ha sido Sócrates de espíritu práctico porque no se ha dedicado a lo que vosotros le dais más importancia. Sin embargo, la sociedad ha permitido que alguien viva de su sabiduría y hasta aquí ha llegado, siendo una víctima. Todos los que aquí nos encontramos deberíamos plantearnos una autocrítica publica sobre la situación actual del Estado socrático del que nos jactamos. ¿Un Estado que se alaba a si mismo y no reconoce sus faltas, goza de la autoridad suficiente para condenar a un ciudadano? ¿Qué avales tenéis para imputar a alguien que puso en práctica su virtud ¿ ¿Le vais a condenar por el delito de ser arrogante?
A mí, Jantipa, me cuesta defender a cualquier ciudadano hombre de esta ciudad que tanto daño ocasiona a la libertad individual y hiere con sus leyes la naturaleza femenina, pero, ¿acaso yo no estoy demostrando con mi oratoria que mis conocimientos son producto de la sabiduría de Sócrates? Y que esta sabiduría es el resultado la sociedad en la que ha vivido. ¿Acaso os vais a condenar también? Acusadlo de poco hábil para la vida, para la práctica, de poco sentimentalista, pero no matéis al sabio, al más grande que ha tenido Atenas o vosotros seréis juzgados por la civilización futura.
Carola Rodríguez Caparrós
4º de Humanidades
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario